Búsqueda de fragancias que caracolean en el tiempo de sonrisas que anidan esperanzas...del lenguaje que dé solidez al verso y la prosa...de entregas, silencios y de una mística en la belleza, que resuman dignidad y respeto a la palabra.

Beatriz Mattar de Vergara

viernes, 8 de mayo de 2015

Jorge Emilio Bossa


ROMANCE DE TRAPO

Nadie lo divisa allí,
tirado sobre el pasto
del cantero de la plaza
donde ha sido olvidado.
A unos pasos de la calle,
al pie de un frondoso árbol,
lleva el pobre varias horas
de tristeza y desamparo.

Recuerda que, ayer, Lucila
lo recogió bajo un brazo
y en su bicicleta nueva,
por las arterias del barrio,
lo invitó a disfrutar
de un mediodía soleado.
Mas, en medio del paseo,
sucedió lo inesperado…
una frenada, un golpe,
unos gritos angustiados,
su cuerpito de estopa
despedido de los brazos
de la niña que yacía
inmóvil sobre el asfalto.

Nadie reparó en él,
caído a un costado
de la escena del dolor,
maltrecho e ignorado.
Pero vio cómo a su amiga,
con los ojitos cerrados,
primero a una camilla
la subieron con cuidado
y después una ambulancia
con sirenas ululando
la retiró del lugar
con las urgencias del caso.

Ahora piensa que fue cruel
el destino al separarlos.
Sueña volver junto a ella
y arrebujarse a su lado
como lo hizo tantas noches,
en su cama y en su cuarto,
mientras penetra la angustia
en sus entrañas de cáñamo.

Siente que se deteriora
de a poco su piel de paño,
y no quiere resignarse,
y pide por un milagro.
Pero si una mala estrella
a su amiga ha señalado,
con ella desea marcharse,
durmiéndose entre sus brazos.

Mientras tanto, en una sala
del hospital más cercano,
Lucila abre los ojos
para alegría de tantos.
La pequeña, confundida,
mira hacia sus dos flancos
e ignorando dónde está,
sin saber lo que ha pasado,
pregunta por Orejín,
su conejito de trapo.

                                  Jorge Emilio Bossa

Primer Premio Género Poesía
2do Certamen Internacional
de Literatura Infantil escrita por adultos
Ediciones Mis Escritos
Buenos Aires, Abril de 2015


LA PAJARERA DE ARIANA

            Emilio era un joven comerciante que tenía, junto a su esposa Jorgelina, una pequeña despensa. La misma era fruto de una indemnización laboral.
            Pero ambos no habían sido indemnizados por tener una hija de once años que era la mismísima piel de Judas.
            Ariana, la niña en cuestión, era una regordeta con el sol en sus cabellos, la miel en sus ojos y un centenar de estrellas rojizas en el firmamento de sus mejillas. Ella les sacaba canas verdes a sus progenitores. Era inquieta, traviesa y rebelde. Era… un huracán con forma humana.
            No era esa la única preocupación de aquel matrimonio. Además, y a menudo, no cerraban las cuentas del negocio… No coincidía la suma de ingresos anotados en un cuaderno con la recaudación del día.
            Consultada sobre el tema, Ariana solo atinó a responder pícaramente mientras hundía la cabeza entre sus hombros: “¡Habrá una rata ratera en casa!”
            Pero una tarde, cuando a primera hora Jorgelina había salido de compras, Emilio comprobó la dolorosa verdad. El comerciante sorprendió a su retoño con las manos en la masa… mejor dicho… en la caja.
            “¡Aaah!, ¡Eras tú, ladronzuela! ¡Eres tú la rata ratera!” Con una mano sujetó enérgicamente la muñeca derecha de la niña y con la otra quitó el billete de veinte pesos hurtado recientemente. Ariana colgaba en el aire. Luego arrojó el dinero sobre el mostrador. Cuando se disponía, colérico, a cerrar el asunto con una bofetada sonó la campanilla de la puerta de la despensa. La misma fue para Ariana como la campana que salva a un boxeador a punto de besar la lona. Al ver que una clienta ingresaba al local, Emilio soltó a su hija. La misma huyó raudamente hacia su casa, anexa al comercio.
            La inoportuna clienta era otra pequeña que así saludó al comerciante:
- “¡Hola!, ¿está Ariana?”
- “¡Está castigada! ¿Qué quieres?”
- “¡Quiero conocer su pajarera!”
- “¿Mi qué?”
- “¡La pajarera de Ariana!”
- “¡Mi hija no tiene ninguna pajarera!”
- “Entonces… ¿Dónde guarda sus pájaros?”
- “¿Sus qué?”
- “¿Usted es sordo o  tonto? ¿Le tengo que repetir todas las preguntas? ¡Hablo de los pájaros que Ariana compra en la veterinaria de mi papá!”
            Emilio no entendía nada. No podía creer que dos chiquillas se hubieran encargado de arruinarle la diáfana tarde que se disponía a disfrutar. Intentando no perder la calma, giró su cabeza hacia el interior del recinto y gritó: “¡Ariana, ven para acá!”
            Su hija siempre escuchaba las conversaciones detrás de la cortina plástica de la puerta interior. Por ello demoró sólo un par de segundos en acudir al llamado. Mientras bajaba la vista escuchó la pregunta de su padre: “¿De qué habla esta mocosa?”
“¡Mi nombre es Jackeline!”, respondió enérgicamente la visitante.
“¡Está bien! – Emilio cerró sus ojos y respiró profundo - ¿De qué habla Jackeline?”
            Ariana levantó la vista con timidez, algo no habitual en ella, e inició el siguiente diálogo…
- “Papá, ¿recuerdas que hace unos meses vino un circo a la ciudad?”
- “¡Si! ¡Y mi abuelo era bibliotecario! ¿Qué tiene que ver…?”
- “Tiene mucho que ver, papá. Tú fuiste una de esas personas que alzó su voz contra ese circo por tener animales salvajes en cautiverio. Me aconsejaste que no acudiera a él porque esas personas lucraban a costa del encierro de las fieras. Luego me dijiste que si los seres humanos amamos tanto la libertad no tenemos derecho de privársela a los animales”.
- “Recuerdo eso que te dije, pero aún no me contestaste”.
- “Bueno… cuando yo voy al colegio, siempre paso frente a la veterinaria. Me da mucha pena ver que en la vidriera hay muchas jaulitas con pájaros prisioneros. Entonces, un día comencé una campaña de liberación. Con mis ahorros, más algo que la ‘rata ratera’ conseguía en la caja, iba a ese negocio y compraba una de esas aves. Le pedía al veterinario que me prestara la jaula. Luego me dirigía a la plaza que está aquí a la vuelta, abría esa celda, tomaba al pajarito con mis manos, le daba un beso y después lo liberaba. Si quería, se podía quedar en esa plaza. De lo contrario era libre para volar hacia donde quisiera”.
            Ariana cerró su relato diciendo: “hice eso varias veces, pero no conseguí que se acabaran los que están prisioneros en esa vidriera”.
            -“Por supuesto, hija. El padre de Jackeline los repone comprando otros y tú lo ayudas a ganar dinero con ese negocio”.
            Ariana, furiosa, se dirigió a la visitante: “¡Entonces tu papá es tan malo y desalmado como los dueños de aquel circo!”
            Jackeline, avergonzada, huyó del lugar.
            Emilio abrazó y besó a su hija. Luego le dijo: “entiendo tus buenas intenciones, pero debes aprender que el fin no justifica los medios”. Al volver Jorgelina al hogar, su esposo le contó lo sucedido. La madre también aconsejó a Ariana: “Recuerda que robar es muy feo. Además… nunca podremos liberar a todos los animales cautivos”.
            Un rato más tarde se oyeron bocinazos que provenían de la calle. Ariana, inquieta como siempre, corrió a ver lo que sucedía. Regresó a los gritos: “¡Papá! ¡Mamá! ¡Afuera está la camioneta de la veterinaria, cargada con todas las jaulas y los pájaros adentro!”
            Toda la familia salió a la vereda. En el vehículo estaba Jackeline con sus padres. El veterinario expresó: “Mi hija me contó lo que hacía Ariana con los pájaros que yo le vendía. He decidido sumarme a su campaña… ¡Vamos a la plaza!”
            Emilio cerró el negocio. A los pocos minutos todos estaban en el espacio verde. Allí procedieron a abrir todas las jaulas y a hacer así una suelta de aves. Las mismas echaron a volar en distintas direcciones y a diferente altura. Una algarabía multicolor rodeaba a esos seres humanos que reían y gritaban dichosos.
            Aquella plaza se había transformado en una enorme jaula con verdes y frondosos barrotes y un infinito techo azul. Algunos pájaros se posaban en el suelo o en alguna rama cercana. Otros optaban por tomar rumbos desconocidos. Todos gozaban de una inusual libertad.
            Ariana, con su amplia sonrisa hundida entre el centenar de estrellas rojizas del firmamento de sus mejillas, le dijo a Jackeline: “¿Querías conocer mi pajarera?… ¡Acabas de hacerlo!”

Jorge Emilio Bossa

Segundo Premio Género Cuento
2do Certamen Internacional
de Literatura Infantil escrita por adultos
Ediciones Mis Escritos
Buenos Aires, Abril de 2015

viernes, 17 de abril de 2015

Maria Elisabeth Noria Martínez


A MARITA…

Una mujer murió en manos de su expareja delante de los niños bajo su cuidado.
Mucho hay que hacer para proteger a las mujeres y así no mueran por serlo.
Cayó como una muñeca de trapo en manos de un niño enfurecido, como si hubiese pasado de moda.
¡Cuántas víctimas!
¡No más muñecas rotas!

Maria Elisabeth Noria Martínez

Inés Quilez de Monge


MISIONES

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Inés Quilez de Monge









jueves, 16 de abril de 2015

Inés Quilez de Monge


NOSTALGIAS

Al abrigo de un leño carmín encendido,
juguetean sueños, rondan ilusiones.
Un libro me inunda de dulces poemas,
metáforas ávidas descubren pasiones.


Pienso en ti y espero, las llamas contemplo,
la pregunta aflora, ¿aún tú me recuerdas?
¿aún ves en tus noches de mayor nostalgia
aquella que puso colores en tu alma?


Silentes respuestas, llega la alborada,
Los sueños se rinden, las ilusiones callan.
Ya el frío me cubre, el leño… se apaga.


Los poemas siguen, el libro me llama,
y en el laberinto de mis pensamientos
cansancio y pesares derriban mi alma.

Inés Quilez de Monge

Mención General
IV Certamen Internacional Pleamar de la Poesía Romántica
Centro Cultural Kemkem
Quequén (Bs.As.), Abril de 2015













martes, 31 de marzo de 2015

"Acercando distancias"


Premiados Segundo Concurso Literario "ACERCANDO DISTANCIAS", organizado por la Comunidad Marchigiana de San Francisco (Córdoba). 

Participantes: Escritores residentes en San Francisco y Zona, mayores de edad.
Tema: La inmigración en la comunidad de San Francisco y su zona de influencia.
Conforme a cada género, los escritores galardonados son:

POESÍA:

1º premio: “LLEGARON” de Beatriz Chiabrera de Maschisone (Clucellas, Sta. Fe).
2º premio: “REFLEXIONES DE UNA INMIGRANTE” de Myriam Lucía Taverna (San Francisco, Cba.).
3º premio: “MI ABUELO” de Celina Alcira Plez (San Francisco, Cba.).
4º premio: “MI CIUDAD” de María Rosa Terraf (San Francisco, Cba.).
5º premio: “A MI ABUELA INMIGRANTE” de Inés María Quilez de Monge (San Francisco, Cba.).

CUENTO CORTO:

1º premio: “UN PAÑUELO ATADO A LA NUCA” de Laura Estela Peretti (San Francisco, Cba.).
2º premio: “MIRADAS” de Beatriz Chiabrera de Marchisone (Clucellas, Sta. Fe).
3º premio: “EL DESTIERRO” de Celina Alcira Plez (San Francisco, Cba.).
4º premio: “EL OLVIDO” de María Rosa Curtino (Devoto, Cba.).
5º premio: “EL HUMO AZUL” de Myriam Lucía Taverna (San Francisco, Cba.).

ESCRITORAS PREMIADAS DEL TALLER LITERARIO “LETRAS Y SONIDOS”


Myriam Lucía Taverna recibe una de sus distinciones



Alma Carrión recibe el premio en nombre de Inés Quilez de Monge


REFLEXIONES DE UNA INMIGRANTE

Aquí estoy, en esta geografía diferente,
hermosa pero ajena.
Bajo este cielo
que en vano trata de calmar mi angustia.
Buscando inútilmente
esas constelaciones conocidas
que encienden noche a noche
el techo cósmico del área de mi patria.
Entre tanta gente que no es mi gente,
con un extraño acento en las palabras.
En un marco existencial que me produce
como dolor de parto en las entrañas.
Siento una pena enorme ahuecar mi interior
y que de pronto se satura con lágrimas.
Aquí estoy…
en este viaje de por mí voluntario.
¡Cuánto duele desde aquí la lejanía!
¡Cuánto entiendo ahora la nostalgia!
Hay dureza de roca que desgasta,
en el sentido de esas dos palabras
y que va corroyendo de a poquito
la dulce transparencia de mi alma.
Pero…, debo…,
dejar de lado pesadumbre y tristezas
porque pronto, lo sé,
será esta tierra que hoy me da cobijo
tan mía y tan amada
como lo es aquella que dejé allá lejos.

Myriam Lucía Taverna

2º Premio Género Poesía
Segundo Concurso Literario
"ACERCANDO DISTANCIAS"
Comunidad Marchigiana de San Francisco
29 de Marzo de 2015


EL HUMO AZUL

         Me llamó la atención desde el primer día. No bien la vi. Era una redoma
de vidrio delgado y transparente. Descansaba sobre un trípode de madera rústica en un rincón del local. Contenía un humo azulado que se movía cuando alguien caminaba sobre las viejas tablas ensambladas que separaban el piso del sótano.

         La redoma había sido traída por Yaco cuando vino de Italia huyendo de la guerra.

         Se embarcó en un buque de carga escondido en la bodega, ayudado por un marinero.

         Tres días estuvo escondido y cuando lo descubrieron le dieron trabajo como ayudante de cocina. Fue protegido por el capitán porque la desesperación que mostraba su rostro era tan evidente que todos sintieron compasión por él.

         Al llegar a Buenos Aires, La Boca lo acogió entre su gente y fue como un hijo para el gringo Giusseppe que le enseñó los secretos del comercio en un almacén de puerto.

         Un día, no se sabe el porqué, tomó el tren en el Ferrocarril Belgrano y se bajó en San Francisco porque tenía nombre de santo. Pensó que en este lugar sería feliz, tendría una familia propia y media docena de niños alegrarían su vida.

         Lo único que traía eran dos mudas de ropa interior, el traje con que viajaba, una camisa de brin, un pantalón de trabajo, algo de dinero regalo de su benefactor, un manojo de tristes recuerdos y la nostalgia por su amada patria, sus padres lejanos, sus hermanitos, su pueblo, sus amigos.

         También traía la redoma.

         A fuerza de trabajo logró tener un almacencito en la calle San Juan cerca de las vías.

         Allí vi la redoma por primera vez.

         Encerraba un humo que para mí era mágico.

         El local también me parecía mágico. Atraía clientes, especialmente a mí.

         El dueño del negocio observaba cuando me acercaba fascinada a mirar las volutas encerradas que tejían gaseosas filigranas. Más de una vez me pareció que Yaco sonreía.

         Pasé días y días pensando en el humo azul. Hasta deseé sustraer la botella y llevarla a mi dormitorio. A los nueve años, poseerla sería el pasaporte que me permitiría viajar al país de los sueños, maravilloso lugar para mí.

         Una mudanza imprevista me alejó de la ciudad, de mis amigos, del negocio y del humo azul.

         Cuando regresé ostentaba orgullosa mi flamante título de abuela. Había pasado tiempo. Encontré muchas cosas cambiadas. Mi antigua casa cuidada por mi tía menor me esperaba blanca de luz y llena de recuerdos.

         Me sentí otra vez niña. La curiosa e inquieta chiquilina que se emocionaba con los cuentos de hadas y de misterio. La eterna habitante del país de los duendes.

         Un impulso irresistible me llevó al antiguo negocio de mi infancia. No lo reconocí. Ahora era un Maxi-Kiosco moderno y bonito. Lo recorrí buscando inútilmente la redoma. Ella no estaba.

         De pronto vi al anciano detrás de una góndola. Me sonrió con la ternura de antaño. Lo abracé con fuerzas y le pregunté por el humo azul.

         - ¡El humo azul!... ¡el de la botella!... lo dejé ir, dijo.

         - ¡Cómo que lo dejó ir! ¡Por favor Don Yaco! Dígame… ¿qué era?

         - ¡Ay chiquita! –contestó nostálgico- ¿eso?... estaba hecho de recuerdos de vida.

         Eso… era el humo azul de la melancolía.

Myriam Lucía Taverna

5º Premio Género Cuento Corto
Segundo Concurso Literario
"ACERCANDO DISTANCIAS"
Comunidad Marchigiana de San Francisco
29 de Marzo de 2015


A MI ABUELA INMIGRANTE

Abuela inmigrante española y valenciana,
con mucho amor y triste desarraigo,
al mar desconocido te lanzaste.
¡Cuánto amor cultivaste en tus entrañas!
Salvar a tus hijos de la guerra
fue el motivo crucial de tu aventura,
marcharte de tu tierra tan amada
poco equipaje, solo amor y tu bravura.
Recuerdo tenuemente tu figura pequeña,
ojos tristes tal vez por los recuerdos,
que atesoraste de tu tierra valenciana
y que volverías a ver solo en tus sueños…
Dejaste en este suelo tus luchas y tu vida,
hijos, nietos, bisnietos y un legado:
trabajar con tesón y humildad todos los días.
Nunca supiste de horarios ni descansos.
Dios te tendrá a su lado, dulce abuela,
en el lugar de los mártires callados
junto a tantos inmigrantes luchadores
que dejaron su sangre en un país idolatrado.
Por siempre tus nietos te honraremos
sin olvidar tu esfuerzo y tu coraje.
Gran abuela española y valenciana
¡Continuaremos tu obra y tu linaje!

Inés Quilez de Monge

5º Premio Género Poesía
Segundo Concurso Literario
"ACERCANDO DISTANCIAS"
Comunidad Marchigiana de San Francisco
29 de Marzo de 2015


Myriam Taverna entrega a Inés Quilez
su correspondiente diploma en La Casa de Los Artistas

miércoles, 25 de marzo de 2015

Los genes de Adriana Roelofs



CÓRDOBA


La forma de las rejas que me
da la sensación de historia antigua, extraña... 

Las telas de araña en los rincones inhóspitos de las iglesias, la multitud amontonada para entrar, el ruido de la ambulancia, el tango en Belgrano y San Juan, domingos de Patio Olmos, sábados de parque Sarmiento.

Las brujas... Espacio verde que se transforma en algo así como el patio de tu casa, los mates, las hierbas, las flores, la primavera, el amor, las sonrisas.

La esquina donde te mirás con un extraño para ver si es o no hora de cruzar, la llovizna que te agarra a mitad de camino, y la colección de paraguas de $25 que compras cada vez que salís de la facultad y llueve como si fuera la última vez. 
El cineclub, las películas francesas, el pururú casero, los mejores chipá de la panadería de la esquina, las guitarreadas.
Amigos de la facu, amigos del boliche, amigos de una que otra jam, amigos no tan amigos, amigos muy amigos, hermanos. Familia del corazón, de esos que te tatuarías con tal de llevártelos de por vida. Departamentos con platos, departamentos sin platos, sin vasos, vasos de plástico para dejar de romperlos, visitas inesperadas.
Discusiones de política, casi siempre ajenas, marchas de la gorra, el festejo de Talleres, de Boca, de River, Belgrano y de repente todo celeste. El MUNDIAL, la esquina del Olmos, la Rondeau, banderas, pinturas, cantos, gritos, multitud.
Picadas, empanadas, bandas de rock, acústicos en disquería Milenio, Belle Époque, caminar con miedo en el Abasto, Casa Babylon, barrio Gùemes de mi vida.
El almacén de la esquina, a ése no lo afecta la inflación, por eso le decimos "La barata". Los miércoles la murga, tambores y bombos, mochilas y vapor.
Tsunami, ritmo de baile, salsa y tango, fiesta de lunes, ellos no descansan.
Majualda. 
La cama-sillón.
La Juli.
6 años en Córdoba, y yo.

                                           Maia Di Piazza

martes, 24 de marzo de 2015

Raúl Rodriguez Olezza


COLORES

Si dejas de soñar se termina la vida,
como al amor al dejarlo de asistir
o una amistad sin cuidados.
Todo entra a marchitar.
Así de poco empezamos a ver colores
como en los sueños mismos
a los cuales el colorido es hasta extraño,
y pasamos de intensos a grises mustios.
Para que a los mismos logres sostenerlos
con el pincel de un alma en alfa
solo trata de mostrar sonrisas y cariño.
Bríndate para todos como sirviendo,
nunca postergando por ello cuidados
pues siempre en el camino hay que tenerlos.
Mantener matices brillantes y refulgentes
no hace otra cosa que poner color a la vida.
Solo falta no detenerse mientras haya espíritu,
existiendo dulces tonalidades entre ellos
para que los sabores alternen con bellos
colores.

Raúl Rodríguez Olezza